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Damasco: Al Shams en árabe, es la capital de Siria y la ciudad más antigua del mundo. Conocida por muchos de sus productos, tales como sus linos y sedas, sus aceros o sus artículos de taracea, cuero, oro y plata, Damasco encierra una gran belleza y encanto, que reside en gran parte en sus viejas y adoquinadas calles. La época de oro de Damasco llegó con los omeyas, que la dotaron de uno de sus monumentos más significativos: La Gran Mezquita Omeya, construida en tiempos del califa Al Walid, después del 706, en el mismo lugar donde estaba emplazada la basílica de San Juan. Con la llegada de los abbasíes al poder, la capital del Imperio se traslada a Bagdad y Damasco empieza a caer en la decadencia. Hoy en día podemos distinguir dos partes, la parte moderna y la antigua, plagada de historia, y declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. La ciudad antigua está rodeada por murallas que se remontan a la época romana. En su día contaron con nueve puertas, que hoy se han visto reducidas a siete. Dentro de la esta parte antigua de Damasco es donde encontramos la antes mencionada Gran Mequita Omeya, así como otros monumentos significativos, tales como el palacio Azem, el Mausoleo de Saladino o la Vía Recta, que en tiempos romanos correspondía al decumano de la ciudad.

Palmira: Su significado, procedente del arameo, es "ciudad de los árboles de dátil", y en árabe se la conoce como Tadmor. Esta ciudad, situada en el desierto sirio, fue la capital del reino nabateo durante el reinado de la famosa Zenobia (266-272 d.c). Durante su efímero reinado, Palmira se erigió frente a Roma, negándose a pagarles tributo, y convirtiéndose en la ciudad más rica e independiente de todos los pueblos caravaneros. Sin embargo, la reina terminó siendo derrotada por Aureliano. Las ruinas de Palmira fueron descubiertas a finales del siglo XVII, aunque no fue hasta 1924 cuando se empezó a trabajar en su recuperación de forma efectiva. Hoy en día, las ruinas de Palmira suponen un innegable atractivo turístico, a pesar de que poco queda de lo que fue la floreciente ciudad de Zenobia. Entre los lugares más interesantes de estas ruinas, destacan el Templo de Bel, la Gran Coumnata, el Arco Triunfal, el Teatro o el Ágora.

Alepo es considerada la segunda ciudad en importancia de Siria, después de la capital, Damasco. Halab, como se la conoce en árabe, se distingue por su carácter eminentemente comercial, ya desde sus orígenes, pues fue lugar de paso obligado de las caravanas que comunicaban el Próximo Oriente con Persia, la India, Armenia y el resto del Imperio Otomano. Así, Alepo se convirtió en el tercer centro económico de dicho Imperio, durante los siglos XVI al XVIII, sólo por detrás de Estambul y El Cairo. La ciudad, acumula numerosos monumentos y lugares de interés, siendo aconsejable dedicar al menos un par de días a su visita. Entre los sitios más destacados, cabe mencionar la Gran Mezquita Omeya, la Madrasa Halawiyah, el Hamman Yalbougha Al Nasri, Bab al Nasr o Puerta de la Victoria, y un largo etcétera. Pero, si algo no debemos olvidar en nuestro recorrido, es un paseo por el verdadero laberinto que son los 10 km de calles y rinconces que conforman los llamados Mercados Cubiertos, en los que encontraremos diversos mercadillos especializados: Suq El Attareen (el mercado de los perfumes), Suq El Zarb (el mercado de los tapices), Suq El Saaga (el mercado de las joyas), Suq El Tawabel (el mercado de las especias), etc.